martes, 2 de junio de 2026

Memoria viva de Úbeda: El rescate pendiente del Convento de la Merced.

 


Una radiografía del patrimonio en peligro: los restos del Convento de la Merced nos recuerdan, como decía John Ruskin, la importancia de cuidar los monumentos antes de que sea tarde.

Por Juan Ángel López Barrionuevo. 1 de Junio de 2026.

Úbeda se enorgullece ante el mundo de su glorioso pasado, de sus plazas renacentistas y de la piedra dorada que le valió el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, detrás de las postales turísticas y los discursos oficiales se esconde una realidad incómoda: el desprecio sistemático hacia aquellos vestigios que, por no ocupar las portadas de las guías de viaje, parecen haber sido condenados a la exclusión. Estos espacios sostienen la auténtica identidad histórica de nuestro pueblo. El caso de los restos del Convento de la Merced es, sin duda, una de las heridas sangrantes más dolorosas de nuestra desidia colectiva.

Nuestra ciudad albergó en su día el esplendor de quince conventos. El paso del tiempo y la desatención han borrado por completo el rastro de cenobios tan emblemáticos como San Antonio, San Nicasio, San Juan de Dios, el Espíritu Santo o la Coronada. De otros, afortunadamente, conservamos su uso o la dignidad de sus fachadas, como ocurre con San Andrés o San Francisco.

Pero el destino del Convento de la Merced roza el insulto a nuestra propia memoria. De aquel majestuoso complejo hoy solo queda un bardal ruinoso, un arco de entrada medio derruido y una escultura mariana de piedra expuesta a la intemperie espiritual del olvido. Resulta inadmisible que el muro y el arco presenten en la actualidad un aspecto tan deplorable. Esta estampa no es fruto de la fatalidad temporal, sino del nulo interés y el flagrante abandono por parte de las administraciones. Ubicado extramuros, junto a la emblemática iglesia de San Millán, este rincón histórico languidece ante la mirada indiferente de quienes tienen la obligación legal y moral de protegerlo.



Un pasado de esplendor: De monjes guerreros a cuna del Renacimiento


El claustro de Vandelvira en el Convento de la Merced (Recreación por IA). Vista del patio renacentista proyectado por el maestro Andrés de Vandelvira. La imagen evoca la monumentalidad del diseño andaluz del siglo XVI a través de su doble galería porticada, cuyas obras se prolongaron de forma inconclusa hasta bien avanzado el siglo XVIII.



No estamos hablando de unas piedras sin valor. Los monjes mercedarios se instalaron en Úbeda tras la reconquista definitiva de la ciudad por Fernando III «El Santo» en 1233. Por aquel entonces, la Orden de Nuestra Señora de las Mercedes era una orden militar de monjes guerreros, hasta que el Papa Juan XXII (1316-1334) la convirtió en una institución totalmente clerical-monástica. Sus votos eran la pobreza, la obediencia, la castidad y, de manera muy especial, liberar a los cristianos cautivos por los moros aunque la vida les fuera en ello.

Aunque autores como Francisco de Rus Puerta defienden que la fundación fue un Repartimiento Real del propio rey santo, documentos recopilados por el historiador Fray Guillermo Vázquez apuntan a que en 1269 Arnaldo de Montesón donó ciertas casas y heredades en Úbeda para consolidar esta fundación. A partir de ahí, el convento se convirtió en un notable centro de formación del que incluso partieron frailes para la evangelización del Nuevo Mundo, como Fray Martín de Robledo en la actual Colombia.


Su Capilla Mayor estuvo vinculada originalmente a Juan Vázquez de Bustos (alcalde de Huelma) y a su esposa Aldonza de Perea. Posteriormente, los derechos supletorios y el patronato de esta Capilla Mayor pasaron a manos de figuras de la talla de Juan Vázquez de Molina (Secretario de Estado de Felipe II y artífice del Palacio de las Cadenas) y de su primo, el Obispo Don Diego de los Cobos y Molina. Este último, quien llegó a ser obispo de Jaén, pertenecía a la dinastía noble que controlaba los grandes proyectos monumentales de Úbeda. Don Diego de los Cobos fue uno de los grandes promotores de la obra de Andrés de Vandelvira, confiando en el célebre arquitecto para levantar su obra cumbre personal en la ciudad: el monumental Hospital de Santiago (iniciado en 1562). Los patronos de este cenobio pertenecieron también a la ilustre familia Pardo de la Casta.

El complejo conventual no dejó de expandirse y reformarse durante el siglo XVI, en pleno auge del Renacimiento andaluz.





A lo largo de los siglos, el edificio fue sumando el mecenazgo de la más alta nobleza local. Su Capilla Mayor estuvo vinculada originalmente a Juan Vázquez de Bustos (alcalde de Huelma) y a su esposa Aldonza de Perea. Posteriormente, los derechos supletorios y el patronato de esta Capilla Mayor pasaron a manos de figuras de la talla de Juan Vázquez de Molina (Secretario de Estado de Felipe II y artífice del Palacio de las Cadenas) y de su primo, el Obispo Don Diego de los Cobos y Molina. Este último, quien llegó a ser obispo de Jaén, pertenecía a la dinastía noble que controlaba los grandes proyectos monumentales de Úbeda. Don Diego de los Cobos fue uno de los grandes promotores de la obra de Andrés de Vandelvira, confiando en el célebre arquitecto para levantar su obra cumbre personal en la ciudad: el monumental Hospital de Santiago (iniciado en 1562). Los patronos de este cenobio pertenecieron también a la ilustre familia Pardo de la Casta.

El complejo conventual no dejó de expandirse y reformarse durante el siglo XVI, en pleno auge del Renacimiento andaluz. De hecho, el hoy desaparecido claustro del convento fue proyectado directamente por el propio Andrés de Vandelvira. Las obras de este espacio se prolongaron tanto en el tiempo que para el año 1767 todavía permanecían incompletas. La actividad constructiva fue constante: en 1650, el Comendador Fray Juan de Orellana contrató al maestro de obras Manuel Vicente para una profunda reforma de la nave mayor y el crucero; más tarde, en 1767, el Comendador Fray José Rodríguez solicitó un préstamo a censo de 300 ducados para intentar finalizar los citados claustros de Vandelvira.




Un mapa de devoción y sepulturas

El templo de la Merced llegó a albergar un riquísimo mapa de capillas laterales que daban fe de la intensa vida social y espiritual de Úbeda:

  • Capilla de la Virgen de la Merced: La principal y eje de la advocación del convento.

  • Capilla de Nuestra Señora de la Piedad: Con un calvario esculpido en 1561 por Diego Rodríguez de Salamanca.

  • Capillas familiares y devocionales: Como la de la Asunción (propia de los Anchuelos), el Rosario, San Lorenzo, San Antón Abad, San Antonio de Padua, los Ángeles, Santa Catalina y la singular Capilla de Nuestra Señora de Argel, una advocación íntimamente ligada a la labor redentora de cautivos que realizaba la orden en el norte de África.

El alma del convento: La Soledad y su camarín



 Recreación del esplendor del Camarín de la Soledad en el desaparecido Convento de la Merced, Úbeda. Este espacio, descrito como el gran orgullo de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y San Cristóbal por su suntuosidad arquitectónica, se muestra aquí iluminado por multitud de cirios que realzan la venerada imagen. La imagen captura el ambiente de devoción que existía antes de que la Desamortización de 1836 condenara al cenobio a la ruina, de la que hoy solo persisten escasos vestigios junto a la Iglesia de San Millán. Foto de la desaparecida Virgen de la Soledad. Archivo PEMA.




Para los ubetenses, y muy especialmente para los hermanos cofrades, el Convento de la Merced está ligado de forma sentimental a la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y San Cristóbal. La Capilla de la Soledad era la de mayor capacidad de todo el templo y contaba con hasta veinte sepulturas para los miembros de la hermandad.

El gran orgullo de esta capilla era su fastuoso Camarín, un espacio de veneración que daba a la Plazuela de los Olleros. Tras una primera reforma en 1689, fue en 1726 cuando el Conde de Guadiana y Alférez Mayor de la Cofradía, Don Luis de la Cueva Guzmán y Piédrola, solicitó formalmente terrenos al Concejo de Úbeda para labrar el camarín con la mayor suntuosidad posible, dando vida a un espacio arquitectónico espacioso y bello.

Con la llegada de la Desamortización de Mendizábal en 1836, el golpe definitivo hirió de muerte al complejo. Los frailes fueron exclaustrados, el edificio quedó en el abandono absoluto y la Cofradía de la Soledad se vio obligada a trasladarse a la vecina Iglesia de San Millán. Comenzaba así el desmantelamiento, el expolio, la clausura y la ruina progresiva del cenobio. En la actualidad, solo sobreviven estas llamadas "Ruinas del Convento de la Merced", consistentes apenas en un lienzo de muro y los restos de la portada renacentista junto a San Millán.













La Merced: décadas de denuncias ante el abandono patrimonial

Las llamadas de atención sobre el vergonzoso estado del Convento de la Merced no son nuevas. La voz de alarma y la exigencia de dignidad para estas históricas piedras han sido durante décadas el principal caballo de batalla del colectivo Caballeros Veinticuatro de Úbeda, un grupo de ciudadanos independientes que, emulando el celo de los antiguos regidores del concejo ubetense, mantiene una constante labor de defensa del patrimonio local.

A través de sus tradicionales actos públicos, la simbólica iluminación de seis velas y la difusión de manifiestos anuales, este colectivo ha denunciado reiteradamente el abandono de numerosos monumentos periféricos o extramuros de la ciudad, entre los que destaca el antiguo Convento de la Merced.

Como recuerdan los propios Caballeros Veinticuatro en sus crónicas de defensa patrimonial, la existencia de un proyecto de intervención redactado en 1999 demuestra que la recuperación del conjunto nunca estuvo condicionada por la falta de soluciones técnicas. Aquel proyecto contemplaba actuaciones concretas de consolidación, restauración y puesta en valor del inmueble, acompañadas de una estimación presupuestaria viable para su ejecución.

Más de dos décadas después, la persistencia de los problemas estructurales y el deterioro progresivo del monumento evidencian que la paralización de su recuperación no responde a limitaciones técnicas ni económicas insalvables, sino a una prolongada falta de voluntad política por parte de los sucesivos responsables públicos. Mientras tanto, el Convento de la Merced continúa esperando una intervención que garantice su conservación y permita devolver a la ciudad una parte esencial de su legado histórico y cultural.

Izquierda: recreación mediante inteligencia artificial de cómo podrían lucir los restos del Convento de la Merced tras su restauración y puesta en valor.

Derecha: estado actual de los restos conservados del convento, más de veinte años después de la redacción de su proyecto de mejora y recuperación.



Una propuesta de rescate que duerme en los cajones

Lo más sangrante de esta situación es que la parálisis no responde a la falta de soluciones, sino a la falta de voluntad política. En el ya lejano año 1999 existió una propuesta en firme y un proyecto de ejecución técnica diseñado por la Escuela Taller. En aquel momento, la intervención apenas requería un presupuesto estimado en 600.000 pesetas (unos 3.600 euros actuales). Aquella oportunidad de oro se dejó diluir de forma negligente en los cajones de la burocracia, a pesar de que los propietarios del terreno estaban, y siguen estando, plenamente dispuestos a colaborar.

El plan era —y es— tan viable como respetuoso: adecentar el lienzo del muro, reconstruir la puerta de estilo castellano-renacentista y proteger el recinto con una reja que albergara un cancel, transformando este rincón degradado en un museo abierto. A pesar de haber transcurrido décadas desde que se pusiera esta urgencia sobre la mesa, el coste económico actual de la obra seguiría siendo perfectamente asumible para las arcas municipales.

Un clamor con historia: La Proclama de los "Veinticuatro"

Las llamadas de atención sobre el vergonzoso estado del Convento de la Merced no son nuevas. La voz de alarma y la exigencia de dignidad para estas piedras ha sido el caballo de batalla del colectivo Caballeros Veinticuatro de Úbeda, un grupo de ciudadanos independientes que, emulando el celo de los antiguos regidores del concejo ubetense, lleva décadas saliendo a la calle, encendiendo sus simbólicas seis velas y lanzando manifiestos anuales contra el olvido de los monumentos periféricos o extramuros de la ciudad.

Como bien recuerdan los propios Caballeros Veinticuatro en sus crónicas de defensa patrimonial, el proyecto de intervención de 1999 sigue demostrando que la parálisis del Convento de la Merced no se debe a limitaciones técnicas ni económicas, sino a una falta endémica de voluntad política por parte de los regidores actuales.

El laberinto burocrático: El rechazo de la Lista Roja

En el afán por buscar altavoces nacionales para esta causa, se cumplimentó y envió la ficha de información a la Asociación Hispania Nostra para solicitar la inclusión de los restos en su prestigiosa Lista Roja del Patrimonio (un listado creado en 2006 que recoge los elementos del patrimonio histórico español en riesgo de desaparición). En el término municipal de Úbeda, varios inmuebles comparten o han compartido esta suerte: la ermita de San Bartolomé (abandonada desde 1983), la ermita de la Madre de Dios del Campo (actualmente en restauración para pasar a la Lista Verde junto a la Iglesia de San Lorenzo, protegida en esta categoría desde 2015), o el emblemático Puente de Ariza, la obra de Andrés de Vandelvira sumergida desde 1998 en el pantano de Giribaile.

Desgraciadamente, el Comité Científico de Hispania Nostra desestimó la solicitud del Convento de la Merced mediante una resolución oficial:

"El Comité Científico ha comprobado que, a pesar de sus relevantes características, este caso no cumple los requisitos necesarios para ser incluido en la Lista Roja del Patrimonio."

Este rechazo técnico, fundamentado en los estrictos criterios de la asociación, no resta un ápice de valor subjetivo ni social al enclave. Al contrario, traslada toda la responsabilidad de su conservación de vuelta al ámbito local. Si las instituciones nacionales no pueden o no consideran prioritario intervenir bajo sus baremos, es el Ayuntamiento de Úbeda el que debe dar el paso definitivo de la mano del tejido asociativo local.

Exigimos a los Regidores Municipales:

  1. Intervención inmediata: La consolidación urgente del lienzo de muro conservado y del arco de acceso, evitando que el progresivo deterioro de los elementos estructurales pueda desembocar en pérdidas irreparables para el patrimonio histórico de la ciudad.

  2. Recuperación y puesta en valor: La redacción y ejecución de un proyecto de restauración integral que permita recuperar la dignidad histórica del enclave, respetando sus valores arquitectónicos y su vinculación con el legado castellano-renacentista de Úbeda.

  3. Musealización e interpretación histórica del espacio: La creación de un espacio patrimonial al aire libre que permita contextualizar la historia del antiguo convento mediante paneles informativos y la adecuada protección de la imagen pétrea de Nuestra Señora de la Merced. Asimismo, se debe colocar la reja protectora para que los escudos heráldicos originales —que el propietario actual mantiene custodiados y a total disposición del Ayuntamiento— regresen al lugar del que nunca debieron ser despojados.




A modo de conclusión

"Cuidad de vuestros monumentos y no tendréis necesidad de restaurarlos." — John Ruskin (1819-1900).

Ser una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO no es solo un título honorífico del que presumir en los folletos turísticos o en ferias internacionales; es, ante todo, un contrato vinculante con la historia. Las ciudades que mejor conservan su identidad son aquellas capaces de proteger no solo sus grandes iconos arquitectónicos, sino también los fragmentos periféricos que permiten comprender la evolución completa de su sociedad.

Bajo el suelo del solar de la Merced pueden dormir restos arqueológicos de incalculable valor, sepultados bajo los escombros y el olvido. La historia que no se conserva termina desapareciendo y la memoria abandonada deviene inevitablemente en ruina irreparable. Las piedras, los escudos custodiados y la imagen desamparada de la Merced esperan pacientemente una restitución que ya se ha demorado demasiado. Todavía estamos a tiempo de evitar que el olvido gane la batalla definitiva. Esperemos que desde nuestro Ayuntamiento se apruebe la propuesta de poner en valor este histórico enclave local y evitar su total desaparición.

¡Por la dignidad de nuestra historia, salvemos los restos del Convento de la Merced! Exigimos que el Ayuntamiento de Úbeda actúe ya.


Bibliografía y fuentes documentales

  • Palacios Martínez, Agustín. Aproximación histórica a la Cofradía de la Virgen de la Soledad y María Magdalena de Úbeda y de la Sociedad Benéfica de Albañiles.

  • Torres Navarrete, Ginés de la Jara. Historia de Úbeda en sus documentos. Tomos históricos y recopilación de archivos parroquiales y protocolos notariales de Úbeda.

  • Rus Puerta, Francisco de. Discursos de la antigüedad y prerrogativas de la ciudad de Úbeda (Edición histórica).

  • Vázquez, Fray Guillermo. "El Convento de la Merced de Úbeda en el siglo XIV", Boletín de la Orden de la Merced, nº 4-6, 1932.

  • Vbeda Recatada: Úbeda y Las Ruinas del Convento de la Merced; no han podido formar parte de La Lista Roja de Patrimonio. (https://vbedarecatada.blogspot.com/2019/06/ubeda-y-las-ruinas-del-convento-de-la.html)




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