Un análisis crítico sobre el relato de la salvación del templo medieval, la amnesia institucional y las cicatrices amargas de su restauración.
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Por: Juan Ángel López Barrionuevo Opinión Patrimonial
Fecha: 22 de octubre de 2026
Hoy, 22 de octubre, las redes sociales han vuelto a convertirse en el escaparate de un relato dulcificado e incompleto de la historia reciente de nuestro patrimonio. La página de Facebook «Úbeda. Memoria viva» publicaba un extenso texto ensalzando en exclusiva el papel de la Fundación Huerta de San Antonio en la recuperación de la iglesia de San Lorenzo.
Si bien es innegable e intachable el trabajo técnico, cultural y de gestión que la entidad privada ha desarrollado en el templo desde 2013, atribuirles el «despertar» del monumento o reducir la indignación previa a un mero estado de abandono pasivo supone un ejercicio de amnesia colectiva que no se puede pasar por alto.
Paradójicamente, una plataforma que se abandera con el nombre de «Memoria viva» borra de un plumazo los cimientos sobre los que se construyó esa salvación: el grito precursor de los vecinos, los movimientos ciudadanos y el activismo patrimonial.
La chispa que los relatos oficiales borran del mapa
El texto publicado en redes afirma que la recuperación del templo «comenzó a hacerse realidad en 2013» gracias a la iniciativa privada. Sin embargo, la historia real no empezó en un despacho ni con la firma de un convenio de 300.000 euros entre la fundación y el Obispado de Jaén. Años antes de que la fundación quedara constituida, San Lorenzo ya tenía guardianes velando por sus piedras.
Fue la Asociación Barrio de San Lorenzo la que, en los años más oscuros del abandono, mantuvo la dignidad de la zona. Sus vecinos denunciaron cada gotera, cada piedra caída, el robo de elementos de valor como la barandilla de las escaleras del coro y la lenta agonía de sus artesonados y cubiertas. Cuando las instituciones miraban hacia otro lado y la diócesis mantenía el templo cerrado a cal y canto tras más de siete décadas desde la Guerra Civil, eran las familias del barrio las que recordaban que San Lorenzo no era una ruina olvidada, sino el alma de su comunidad.
De las pancartas al "Abierto por obras": El éxito del activismo
Asimismo, resulta imprescindible refrescar la memoria sobre el papel crucial e insustituible que jugó la Plataforma Salvemos San Lorenzo de Úbeda (creada en 2012). A través de la movilización a pie de calle, la recogida masiva de firmas en comercios y centros públicos ubetenses, las concentraciones y el uso pionero de las redes sociales, esta plataforma logró lo que parecía imposible: transformar una queja de barrio en un clamor social e institucional de alcance regional.
La inclusión de la iglesia de San Lorenzo en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra no cayó del cielo ni fue fruto del azar institucional. Fue gracias a la iniciativa y documentación de uno de los miembros de la propia Plataforma Salvemos San Lorenzo, quien incluyó personalmente este maltrecho inmueble en dicho listado de alerta nacional. Curiosamente, este activista patrimonial es también fundador y uno de los administradores de la Plataforma Vía Verde del Renacimiento, demostrando una trayectoria de compromiso inquebrantable con el patrimonio y el entorno de nuestra tierra.
Fueron la Plataforma Salvemos San Lorenzo y la Asociación Vecinal quienes pusieron el foco mediático sobre el templo, forzando al Ayuntamiento de Úbeda y al Obispado a mover ficha tras años de desidia y fallidas negociaciones de permuta.
Es de justicia reconocerlo: la reapertura de San Lorenzo es el mayor éxito del activismo patrimonial en Úbeda. Gracias al impulso incansable de la Asociación Barrio de San Lorenzo y de la Plataforma Salvemos San Lorenzo de Úbeda, sumado a la posterior labor de la Fundación Huerta de San Antonio y al trabajo técnico del equipo del arquitecto Martos Leyva, el edificio sigue hoy en pie. Sin la presión previa, implacable y desinteresada de estos movimientos ciudadanos, San Lorenzo jamás habría entrado en la agenda pública ni se habría convertido en el objetivo prioritario que más tarde atrajo la atención privada.
Restaurar las piedras sin mutilar la historia: Luces y sombras de una intervención
El artículo de «Úbeda. Memoria viva» concluye afirmando que «conservar la memoria de una ciudad no consiste solamente en proteger sus piedras, sino también en devolverles un lugar en la vida de sus habitantes». La frase es impecable en lo poético, pero tramposa en lo histórico. Devolver un lugar en la vida de los ciudadanos exige, en primer lugar, respetar y nombrar a quienes dieron la cara cuando San Lorenzo no era una tarjeta de visita cultural ni un proyecto europeo glamuroso, sino un edificio en peligro inminente de desplome.
Pero la restauración, por muy celebrada que sea, también nos dejó una lección amarga que la memoria íntegra no debe callar: la pérdida irrecuperable de la bóveda del siglo XVII en el coro alto.
Se trata de un episodio lamentable sobre el que la academia local y los sectores más críticos de la ciudad prefirieron guardar un cómplice silencio, mientras que paradójicamente ponían el grito en el cielo por las intervenciones en otros monumentos de la ciudad, como la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares.
Una mirada sin vendas al patrimonio ubetense
No hubo milagros privados sin empuje colectivo previo ni victoria institucional sin el sudor vecinal. La Asociación Cultural Barrio de San Lorenzo y la Plataforma Salvemos San Lorenzo no son un pie de página insignificante ni una vaga "preocupación ciudadana" anónima; son los verdaderos artífices de que el templo no terminara convertido en un solar.
Honremos el trabajo bien hecho y la dinamización cultural presente, pero mantengamos una mirada íntegra y autocrítica. Úbeda duele en cada sillar y en cada bóveda perdida. Tal como advertían las crónicas históricas y las denuncias ciudadanas sobre el peligro del templo, la verdadera memoria exige rigor para contar la historia completa y dar a cada colectivo y activista el lugar que por justicia le corresponde en la historia de nuestra ciudad.
Documentación y material gráfico
(Para ampliar información y leer el análisis de antecedentes, pincha en el enlace del artículo completo en Úbeda recatada
Bibliografía y antecedentes de la Plataforma "Salvemos San Lorenzo"
Para complementar la llamada a la documentación histórica que menciona el texto («Úbeda recatada» y archivos locales), estos son los hitos documentados sobre la movilización por el templo:
Denuncias vecinales (Años 80 - 2000): Notificaciones y escritos presentados por la Asociación de Vecinos del Barrio de San Lorenzo alertando de desprendimientos en cubiertas y expolio interior.
Creación de la Plataforma "Salvemos San Lorenzo" (2012): Campañas masivas de recogida de firmas en el municipio y concienciación digital.
Ficha en la Lista Roja del Patrimonio (Hispania Nostra, 2012): Inclusión motivada por el peligro inminente de desplome del conjunto barroco y medieval.
Convenio de Cesión y Proyecto "Abierto por Obras" (2013): Firma del acuerdo entre el Obispado de Jaén y la Fundación Huerta de San Antonio, momento a partir del cual se inicia el proyecto de restauración integral.
Apertura como espacio cultural: Transformación del templo rehabilitado en centro dinamizador del centro histórico de Úbeda.
Conclusión
Este articulo logra equilibrar el agradecimiento al presente cultural de San Lorenzo con la exigencia de rigor histórico. Recordar que los cimientos de la restauración los pusieron las pancartas, las firmas vecinales y la indignación de un barrio no es restar mérito a los arquitectos ni a la fundación privada, sino devolver el protagonismo a la ciudadanía que protegió la memoria viva de Úbeda cuando nadie más lo hacía.

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