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martes, 14 de julio de 2026

La piqueta invisible (1959-1975): Arqueología del desarrollismo, la transformación de los centros históricos y la amnesia monumental en Úbeda

 


La metamorfosis del patrimonio frente al desarrollismo (1959–1975). Infografía comparativa sobre la transformación urbana en el entorno del Hospital de Santiago y la calle Obispo Cobos en Úbeda. A través de la acción de los vectores normativos de la época —como la congelación de rentas y la Ley del Suelo de 1956—, el paisaje histórico y las perspectivas abiertas de esta obra maestra de Andrés de Vandelvira cedieron el paso a la especulación inmobiliaria y a las pantallas edificatorias continuas, reduciendo un hito monumental a un fondo escénico asfixiado. Fuente: Análisis histórico-urbano sobre la amnesia monumental y la pérdida de identidad urbana.





Resumen


Este artículo adopta una perspectiva de investigación histórico-urbana para analizar la demolición sistemática y la mercantilización de los centros históricos en España durante la década de 1960. A través de la disección de los mecanismos jurídicos (como la congelación de rentas y la Ley del Suelo de 1956) y de las operaciones corporativas de reforma interior, se examina cómo el "desarrollismo" alteró la morfología de ciudades como Valencia, Sevilla, Zaragoza y Barcelona. Como estudio de caso instrumental, se profundiza en la fractura del tejido visual e histórico de Úbeda, centrándose en el cerco especulativo sobre el Hospital de Santiago de Andrés de Vandelvira desde la avenida de la Constitución y la calle Obispo Cobos. Finalmente, el trabajo contrasta esta violencia patrimonial estructural con el discurso contemporáneo de actores locales que cuestionan las intervenciones democráticas de ordenación urbana actual desde una falaz coartada conservacionista.




 Juan Ángel López Barrionuevo




El Hospital de Santiago y su entorno a principios del siglo XX: La armonía perdida antes de la piqueta invisible

Esta excepcional estampa histórica, procedente del archivo de Gabriel Delgado Juan, nos muestra el majestuoso Hospital de Santiago de Úbeda —la obra maestra del Renacimiento andaluz diseñada por Andrés de Vandelvira en el siglo XVI— en una época en la que el monumento aún respiraba en plena sintonía con su entorno. Como se observa en la perspectiva abierta de la vía, el caserío tradicional de baja altura y el ir y venir cotidiano de la ciudad mantenían una relación directa, armónica y equilibrada con la arquitectura monumental, sirviendo las imponentes torres como un auténtico faro de orientación estética y cívica.

Esta estampa del Úbeda de antaño es el testimonio visual de un paisaje urbano íntegro, décadas antes de que el posterior auge del desarrollismo tecnócrata y la vorágine especulativa de los años 60 fracturaran estas visuales con pantallas de hormigón y medianeras asfixiantes. Una mirada imprescindible al pasado que nos recuerda cómo era la escala humana del patrimonio antes de ser mercantilizada al peso del metro cuadrado. (Fotografía del archivo de Gabriel Delgado Juan).



Introducción: Metodología para una autopsia urbana


El estudio del paisaje histórico no puede limitarse a la contemplación pasiva de sus fachadas supervivientes ni a la nostalgia de postal ilustrada. Requiere una mirada forense que desvele los vectores de poder, los intereses económicos y los marcos normativos que han configurado la ciudad contemporánea. En los últimos años, el debate público en cascos antiguos como el de Úbeda ha asistido a una paradoja discursiva notable: sectores vinculados ideológicamente a la nostalgia del régimen franquista —o herederos de sus inercias clientelares— ejercen una oposición feroz y estridente frente a cualquier intervención democrática contemporánea orientada a la peatonalización, la calmación del tráfico o la recuperación del espacio público.


El análisis riguroso de los archivos urbanísticos demuestra que este rechazo esconde una amnesia metodológica insostenible. El verdadero atentado morfológico y visual contra el patrimonio no se deriva de las corporaciones democráticas que intentan coser heridas urbanas, sino de la implacable maquinaria especulativa desplegada durante el apogeo tecnócrata de la dictadura.


1. Los vectores normativos y económicos del expolio (1959-1973)

El crecimiento económico de la década de 1960, impulsado por los Planes de Desarrollo, provocó un éxodo rural masivo hacia los polos industriales y urbanos. Los centros históricos, lejos de ser protegidos como bienes culturales, se convirtieron en el objetivo preferente de una acumulación de capital basada en el sector inmobiliario.


A. La congelación habitacional y la asfixia de la propiedad


La persistencia de una legislación de renta antigua mantuvo los alquileres congelados durante décadas. Este mecanismo, analizado desde la sociología urbana, generó un doble impacto perverso:

  • Desincentivó de manera absoluta la inversión de los propietarios en el mantenimiento preventivo y curativo del parque inmobiliario tradicional [6].

  • Indujo de forma deliberada el abandono material de los edificios, facilitando la tramitación de expedientes de ruina física —muchas veces sobredimensionados o provocados— que habilitaban jurídicamente la demolición para liberar suelo y construir bloques de mayor edificabilidad [6].


B. El engranaje burocrático: La Ley del Suelo de 1956


Sancionada bajo los principios del nuevo Estado, la Ley del Suelo de 1956 introdujo herramientas de planificación que contenían resquicios de alta discrecionalidad técnica. Las Comisiones Provinciales de Urbanismo y los Ayuntamientos operaban en una estructura sin contrapesos ciudadanos ni fiscalización democrática. Las licencias de obra nueva se otorgaban priorizando el beneficio económico de las promotoras privadas frente a los valores tipológicos o paisajísticos del entorno histórico [9].


C. La justificación higienista y viaria


Bajo el paraguas técnico de los Planes de Reforma Interior, las administraciones locales justificaron la piqueta apelando a la necesidad de "esencialidad circulatoria", salubridad e higiene [7, 8]. Conceptos que eran, en la práctica, coartadas funcionales para abrir grandes arterias de tráfico rodado que desintegraron la jerarquía de las tramas medievales y renacentistas.


2. La metástasis morfológica en el territorio nacional


El impacto de este modelo no fue una anomalía periférica, sino una política generalizada que transformó la fisonomía de las principales urbes históricas del país:


  • Valencia, Sevilla, Zaragoza y Barcelona: Sufrieron alteraciones morfológicas drásticas con la apertura de grandes ejes viarios transversales que seccionaron el tejido celular medieval [7, 8, 10]. Cientos de palacios nobiliarios, conventos desamortizados y tipologías vernáculas desaparecieron para ser sustituidos por bloques plurifamiliares en altura, de tipología masiva en hormigón armado, concebidos para maximizar los metros cuadrados vendibles por parcela.


  • Dinámicas socio-espaciales: Este proceso desencadenó un vaciamiento residencial de las clases medias tradicionales hacia ensanches periféricos, dejando los centros degradados y expuestos a la terciarización (implantación de sedes bancarias y oficinas) y a una forma temprana de gentrificación por sustitución social e inquilinaria [3, 6, 11].




El Hospital de Santiago y la calle Obispo Cobos en la actualidad: El monumento encajonado por el desarrollismo

Esta imagen actual ilustra con precisión quirúrgica el legado del boom inmobiliario y la especulación urbana desatada entre 1959 y 1975. Lo que en el siglo XVI nació como una obra maestra renacentista de Andrés de Vandelvira concebida para respirar en un espacio de proporciones monumentales y perspectivas abiertas, aparece hoy subordinado y visualmente asfixiado por pantallas arquitectónicas continuas. Las intervenciones de expansión desmedida sobre ejes como la avenida de la Constitución y la calle Obispo Cobos transformaron la transición armónica del paisaje en un frente de bloques que redujo el hito histórico a un mero fondo escénico. Una estampa que evidencia cómo el valor paisajístico original cedió ante la implacable rentabilidad del metro cuadrado de hormigón. (Gentileza de fotocasa.es).




3. Estudio de caso: El secuestro visual del Hospital de Santiago en Úbeda


El análisis micro-histórico de Úbeda ilustra con precisión quirúrgica cómo opera esta herencia. El Hospital de Santiago, obra maestra de Andrés de Vandelvira levantada en el siglo XVI, constituye un hito de la arquitectura del Renacimiento andaluz cuya compresión visual exigía continuidad espacial y perspectivas abiertas.


Sin embargo, la implantación del desarrollismo en arterias de expansión inmediata como la avenida de la Constitución y la calle Obispo Cobos fracturó este valor paisajístico. Si en el trazado original el observador experimentaba una transición armónica desde la calle Mesones o el arranque de estos ejes visuales —encontrando en las torres del monumento un referente de orientación estética y cívica—, la permisividad municipal de la época consintió la erección de pantallas arquitectónicas continuas y medianeras desproporcionadas.


Este telón de hormigón transformó un espacio de proporción monumental en un cañón viario asfixiante, cercenando el horizonte histórico y subordinando la escala urbana a la rentabilidad del suelo.


4. Conclusión: De la hipocresía local a la recuperación de la memoria

Criticar los proyectos actuales de calmado de tráfico, peatonalización o regeneración urbana en el casco histórico de Úbeda, recurriendo a una supuesta defensa de la identidad local, constituye una flagrante manipulación histórica. Quienes hoy braman contra los cambios en la movilidad urbana olvidan —o prefieren ocultar— que el paisaje de nuestra ciudad fue desmembrado por los abuelos ideológicos del desarrollismo inmobiliario.

La recuperación de la dignidad urbana en Úbeda no pasa por el mantenimiento de los vicios especulativos del pasado, sino por asumir que el patrimonio visual y arquitectónico es un bien colectivo incompatible con la nostalgia cómplice de quienes vendieron el alma de la ciudad al peso del metro cuadrado de hormigón.


Bibliografía Consultada


  • Benevolo, L. (1993). La historia de la ciudad. Ediciones G. Gili.

  • Chueca Goitia, F. (1977). Breve historia del urbanismo en España. Alianza Editorial.

  • [3] Revistes UPC (2020). Morfología urbana y procesos de gentrificación en cascos antiguos. https://revistes.upc.edu

  • [6] Revista de la Universidad Complutense (2017). Renta antigua y ruina intencionada en la arquitectura española. https://revistas.ucm.es

  • [7] Dialnet (2019). Planes de reforma interior y destrucción del tejido medieval. https://dialnet.unirioja.es

  • [8] Colectivo Histórico Urbano (2020). Imágenes del cambio morfológico. https://www.instagram.com

  • [9] Wikipedia (2022). Ley del Suelo de 1956 y el contexto burocrático. https://es.wikipedia.org

  • [10] Sociología Inquieta (2021). Tejidos desgarrados en las ciudades del Ebro y del Guadalquivir. https://www.xn--sociologainquieta-kvb.com

  • [11] Instituto Universitario de Urbanística (2018). Desahucios indirectos y vaciamiento residencial. https://iuu.uva.es

  • Soria y Puig, M. (1998). El urbanismo franquista: ideología y práctica en los centros históricos. Revista de Geografía e Historia Local, 14(2), 45-62.

jueves, 31 de marzo de 2022

Por la Recuperación del Antiguo Cuadro de Jesús Nazareno, del Hospital de Santiago.

 

Cuadro de Jesús Nazareno, camino del Monte Calvario. 

En el Capítulo IV, pp.208-209, de la Historia de Úbeda  de Don Miguel Ruiz Prieto, vemos una descripción detallada, realizada a finales del siglo XIX, de las imágenes y altares de la Capilla del Hospital de Santiago, lo siguiente:

 

 “…En el arco toral sobre ménsulas, destacaban la efigie de Santo Domingo y San Francisco, procedentes del Convento de San Antonio y encima dos cuadros.

Capilla del Hospital de Santiago, antes de su cierre al culto religioso. años 1960. donde podemos observar a la derecha de la foto el cuadro de Jesús Nazareno. Foto Archivo Pablo Jesús Lorite. 
 

 

En el crucero, al lado del evangelio, hay los altares siguientes, cuyos retablos proceden de la Iglesia de Santo Tomás: Altar de San Rafael, cuya antigua imagen procede del extinguido convento de San Juan de Dios; encima hay un cuadro grande que se trajo de las Cadenas. Altar de la Purísima a los lados; en el testero, hay dos cuadros grandes: uno con la imagen de Jesús Nazareno y otro con la de San Clemente papa, pintado por Juan Esteban; otro cuadro de un santo en oración hay colgado encima del retablo. (Los dos primeros proceden también de las Cadenas).

 

Foto del Cuadro de Jesús Nazareno,  en el Negociado
 de Cultura, del Ayuntamiento de Úbeda. Foto de Alberto Roman. 

El citado  cuadro, estuvo en el testero principal de la Capilla del Hospital de Santiago, desde la Desamortización de Mendizábal  (siglo XIX), hasta la desacralización de dicho recinto, en 1979.

Durante la década de 1980, durante las obras de restauración y tras la reapertura del Hospital de Santiago, cómo centro cultural,  el citado cuadro estuvo guardado, sin protección alguna en la ante sacrista de dicho edificio.

Hoy gracias al estudio y catalogación, de los Bienes Muebles del Ayuntamiento de Úbeda, de David Rodríguez Martínez, sabemos que se encuentra depositado en el Negociado de Cultura del Palacio de Juan Vázquez de Molina, en pésimas condiciones, aunque en mayo de 2021, y tras el inicio de las actuales obras de restauración, de dicho Palacio hoy Ayuntamiento, se encuentra en el Palacio del Marqués de Mancera  (sede provisional del  Ayuntamiento).

Descripción del citado cuadro.

De autor anónimo, fechado entre los siglos XVII-XVIII, realizado en  óleo sobre lienzo, representa a Jesús Nazareno camino del Calvario. La figura, que ocupa prácticamente toda la composición, porta una cruz arbórea sobre su hombro derecho, quedando el rostro en dirección hacia el espectador. Destacan, por tanto, la elaboración tanto del rostro como de la mano derecha, así como de la túnica.

Por último, cabe destacar que en el año 2011, tras la reapertura de la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, quiso restaurar este cuadro e instalarlo en su capilla de Santa María.

 

Juan Ángel López Barrionuevo. Abril de 2022.

Bibliografía Consultada.:

Historia de Úbeda  de Don Miguel Ruiz Prieto.

Los Bienes Muebles del Ayuntamiento de Úbeda. Estudio y Catalogación. David Rodríguez Martínez.

viernes, 1 de junio de 2018

RETABLO MAYOR DE LA CAPILLA DEL HOSPITAL DE SANTIAGO



Varios detalles del Desaparecido Retablo Mayor del Hospital de Santiago. Fotos de Francisco Javier Ruiz Ramos.

RETABLO MAYOR DE LA CAPILLA DEL HOSPITAL DE SANTIAGO.

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RETABLO MAYOR DE LA CAPILLA DEL HOSPITAL DE SANTIAGO.
Juan Ángel López Barrionuevo.

Resumen

El desaparecido retablo mayor del Hospital de Santiago  constituía  sin duda alguna una de las piezas señeras de la retablística andaluza e hispana de la Edad Moderna, tanto por la impronta clasicista de su arquitectura como por la confluencia de diversos maestros en la transición del renacimiento al primer naturalismo seiscentista. El artículo ofrece un estado de la cuestión sobre sus autores, profundiza en su historia tanto constructiva como destructiva y aspectos iconográficos y, finalmente, aporta una visión inédita sobre las fuentes visuales que sirvieron de inspiración a otras magnas obras andaluzas.

A modo de Introducción

Úbeda, es una de las muchas ciudades mártir de España, tantos han sido los destrozos y los despojos que ha sufrido nuestro patrimonio a lo largo de los siglos. Quizá no sea Úbeda  la ciudad española que ostenta la primacía en tan lamentable clasificación, pero lo cierto es que ha sido mucho, y muy valioso, lo que Úbeda ha perdido por culpa de los avatares de la historia.

Y fue en una época todavía relativamente reciente, en 1936 con motivo de la eclosión de ese estado de locura colectiva que es conocido con el nombre de Guerra Civil, cuando un numeroso grupo de edificios nobles de Úbeda, iglesias y conventos en su mayor parte, sufrieron destrozos que en algunos casos llegaron a provocar la pérdida irreversible de los mismos. Otros tuvieron más suerte y pudieron ser restaurados, aunque en ningún caso conseguirían recuperar su pasado esplendor.
"La reconciliación es un deseo y una necesidad, porque no podemos seguir con heridas abiertas y sangrientas 82 años después", explica Josep Maria Martí Bonet, director del Archivo y Museo Diocesano de Barcelona, y  autor  del libro,… El martirio de los templos en la diócesis de Barcelona (1936-1939). Los datos aportados por el libro de Bonet son contundentes: en los primeros meses de la Guerra Civil murieron en la diócesis  de Barcelona 277 sacerdotes, 425 religiosos y 400 seglares; de las 500 iglesias que existían, sólo 10 se libraron del expolio, 40 fueron arrasadas por completo -como las de Sant Cugat del Rec y Santa Maria de Sants-, y 160 fueron prácticamente destruidas; 464 retablos -que ocuparían 2,5 kilómetros lineales- y 172 órganos fueron quemados, "entre ellos el de Santa Maria del Mar, uno de los mejores de Europa", apunta el historiador, y el 45% de los archivos desapareció por completo. Según Bonet, "faltaba un martirologio rigurosamente histórico de las obras desaparecidas, porque sólo conociendo la verdad de los dos bandos llegaremos a superar esta guerra indigna".

Por este resumen se sabe, según Bonet, que la Iglesia no fue beligerante, "pese a las acusaciones del presidente Companys"; que la mayoría de los sacerdotes recibieron bien el franquismo al principio, pero luego lo rechazaron por no permitir hablar en catalán y por prohibir las costumbres catalanas; que existían recomendaciones para quemar mejor las pinturas, "como arrojar ácido sulfúrico"; "que el 40% de los sacerdotes se salvaron gracias a la acción de miembros de la FAI"; que la Generalitat impidió que destruyeran la catedral y Montserrat; pero también detalles "del salvaje bombardeo de las tropas italianas de Barcelona de 1938, cómo se perforó el techo de la catedral y causó graves daños en el edificio, o cómo murieron 42 personas, 20 de ellas niños, en la plaza de Sant Felipe Neri en esos bombardeos", explica Bonet.

A juicio de Bonet, los ataques a la Iglesia pueden explicarse por el odio acumulado durante años y por el hecho de que muchos sacerdotes fueran de la mano de caciques y poderosos. Según él, se hicieron cosas bien hechas, pero hay que pedir perdón por las cosas mal hechas. "Nuestra guerra fue una salvajada. Lo que se hizo por los dos lados es indigno y sólo se superará conociendo la verdad".
Desde el 18 de julio de 1936, fecha del Glorioso Alzamiento Nacional, hasta el 29 de Marzo de 1939, Úbeda suplicó presa. Fueron saqueadas todas las iglesias y quemadas todas las imágenes, entre blasfemias y sacrilegios indescriptibles. Los templos sirvieron de cuadras y garajes. Fueron encarcelados y asesinados, sin mediar formalidad legalista alguna y en medio de la más absoluta impunidad, muchos buenos ubetenses por su condición de católicos, por sus ideas políticas desafectas al extremismo “rojo” o, simplemente, por odios personales… Así describe Juan Pasquau la Guerra Civil Española en Úbeda, uno de los episodios más dramáticos de la historia reciente de nuestro país. Una época oscura de la que muchos aquellos que la vivieron, incluso hoy, tienen miedo de hablar.

Además de las víctimas personales, fue el patrimonio ubetense uno de los peores parados dentro de esta contienda bélica. En la tarde del 26 de julio de 1936, festividad de Santa Ana, nuestros templos fueron saqueados, arrastrándose muchas de las imágenes devocionales hacia una gran hoguera en donde se quemaron siglos de arte. No solamente se destruyeron esculturas y pinturas, sino también documentos de archivo, así como muchos de los retablos que adornaban nuestros templos (las fotografías antiguas dan fe de la monumentalidad barroca que atesoraban las iglesias ubetenses, como La Trinidad, San Pablo, Santa Clara, Santo Domingo, etc.).

Sin embargo, todo parece indicar que en el año 1936, hubo personas devotas que salvaguardaron algunas de las imágenes religiosas entre sus casas, como lo demuestra la talla de Madre de Dios del Campo (de la que se conserva su cabeza, y que en los últimos años se ha hecho presente en algunos altares del Corpus Christi), o el rumor existente de que la verdadera talla de la Virgen de Guadalupe no fue destruida en la contienda, sino que se conserva en paradero desconocido. 

No obstante, gran parte de nuestro patrimonio ya había sufrido numerosos daños en épocas anteriores, concretamente durante el siglo XIX. El ataque de las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia (1808-1812) fue un gran varapalo para nuestro patrimonio, hasta el punto de que muchos de los conventos y ermitas existentes en la periferia de la ciudad fueron desvalijados, empezando por las piezas de orfebrería (por su valor material de oro y plata, así como piedras preciosas), y robándose muchas esculturas y pinturas por su valor artístico. Del mismo modo, sus fábricas fueron totalmente arrasadas, hasta el punto de que muchos edificios quedarían reducidos a un montón de piedras y demolidas pocos años después.

El siguiente golpe a nuestro patrimonio fue poco tiempo después, con motivo de las desamortizaciones eclesiásticas. Éstas supusieron poner en el mercado mediante subasta pública las tierras y bienes no productivos en poder de las llamadas "manos muertas" que no las cultivaban (Iglesia Católica y órdenes religiosas, que los habían acumulado como beneficiarias de donaciones y herencias), con el fin de acrecentar la riqueza nacional y crear una burguesía y clase media de labradores propietarios; con ello, el erario público obtenía unos ingresos extraordinarios con los que se pretendían amortizar los títulos de deuda pública. Las diferentes desamortizaciones que se suceden durante el siglo XIX, bajo el gobierno de Juan Álvarez Mendizábal (1836), Baldomero Espartero (1845) y Pascual Madoz (1855), desposeyeron a la Iglesia Católica de sus edificios, que pronto caen en ruina o cambian de uso, modificándose su fábrica y diseminándose todos sus bienes muebles (muchos de los cuales se reparten entre las diversas parroquias de la ciudad, sin ningún control de los mismos, o pasan a propiedad de coleccionistas privados).

Pero volvamos a los efectos de la Guerra Civil en Úbeda. Es falso que todas las obras del patrimonio ubetense desaparecieran en esa gran hoguera realizada en la tarde del 26 de julio de 1936. Muchas piezas se conservaban en su ubicación original hasta fechas avanzadas de la contienda; de hecho, en 1938 tenemos el informe particular realizado por Miguel Ruiz Prieto en donde habla de un gran número de obras y del estado de conservación de nuestros templos (haciendo especial hincapié en los bienes de la Capilla del Salvador). Sin embargo, parece que a partir de este momento se incrementa la rapiña y el interés de ávidos coleccionistas por poseer pinturas y esculturas de especial valor artístico. 

Esperemos que situaciones como la que ensangrentó Úbeda -al igual que a toda España- durante tres largos años no vuelvan a repetirse nunca más; será señal inequívoca de que los españoles, quizá por vez primera en nuestra turbulenta historia, habremos aprendido por fin a tolerarnos.
La Ciudad de Úbeda ofrece un gran atractivo desde el punto de vista histórico, cultural y artístico para cualquier investigador, pero a día de hoy han sido escasos los autores que se han interesado por la ingente cantidad de bienes patrimoniales que durante la Guerra Civil Española se destruyeron, dañaron y expoliaron. Este desinterés ha provocado que piezas de indudable valía artística sean auténticas desconocidas tras su desaparición en el conflicto bélico. Teniendo en cuenta la documentación que se conserva, tanto manuscrita como gráfica, del patrimonio sacro de Úbeda antes de la Guerra Civil Española podremos atrevernos a decir que esta ciudad antes de 1936 tendría un patrimonio similar al que a día de hoy conservan como Baeza. A través de esta publicación vamos a visualizar como entre 1936-39, Úbeda fue testigo de cómo la gran cantidad de su patrimonio religioso desaparecería, pero los principales templos de la ciudad se lograrían conservar y reconstruir durante la posguerra.

Para cualquier historiador del arte plantear una investigación sobre patrimonio religioso al que se rinde culto presenta una gran problemática, ya que actualmente este tipo de piezas, incoherentemente son consideradas en menor medida en comparación con cualquier otra muestra artística que no tenga esta función de culto. A todo esto debemos de añadir el miedo que algunos historiadores tienen a tratar cualquier tema vinculado a la Guerra Civil Española, es necesario que afloren publicaciones que aborden desde un punto de vista científico y riguroso la destrucción de patrimonio sacro durante 1936-39. Cuando esto suceda seremos realmente conscientes de la riqueza artística y cultural que desapareció con el conflicto bélico más cruento que sucedió en territorio español durante el S.XX.

Hospital de Santiago Úbeda

La familia Cobos-Molina quizá no tan conocida, pero con un valor similar al de monarcas, grandes prelados y eminentes familias de recio abolengo que admiraron y se rodearon de obras realizadas “al modo antiguo”, por el carácter cualitativo de sus encargos artísticos así como por la labor protectora que algunos de sus miembros ejercieron sobre las Artes, han merecido ganarse la honrosa denominación de Mecenas.

Es una de las grandes familias ubetenses, que acogieron las prácticas artísticas del Renacimiento que llegaban desde Italia, y que tendrán una actuación decisiva en la adopción de la nueva estética moderna en España en el siglo XVI.

Esta ilustre familia asentada en Úbeda, llegó a Andalucía con ese amplio número de guerreros que, con Fernando III el Santo, conquistó para Castilla, durante el siglo XIII, la zona del Alto Guadalquivir.

El primer Cobos es uno de los conquistadores de la ciudad que quedó heredado en ella tras la capitulación de la misma ante el Rey Santo. Ferrand Ruiz de Cobos era el nombre de este personaje que según parece procedía de La Rioja, de Santo Domingo de la Calzada. Así pues sería este el inicio de la relación de esta familia con la localidad jiennense.

Poco más se conoce a cerca de esta familia durante los siglos XIII, XIV y XV, tan solo  algunas noticias de que poseían ciertas casas en el barrio conocido por aquellos entonces como Barrio de Cuenca, en la collación de Santo Tomás y que en el siglo XVI trocaría popularmente su nombre por el de Barrio de los Cobos.

Parece lógico pensar que estos conquistadores que se asentaron en la ciudad gozarían de una posición de privilegio durante largo tiempo, gracias, entre otras cosas, al repartimiento que se hizo de las tierras de la localidad entre ellos y también el acrecentamiento sustancial de sus haciendas y rentas merced a que en la conquista de otras localidades andaluzas, caballeros de la por entonces villa de Úbeda, estarían presentes. De esta forma, situamos al primer Cobos como un conquistador perteneciente a una élite guerrera cuyos miembros irían evolucionando con el paso de los años hacia un estatus nobiliario de tipo medio y con carácter local.

En los enfrentamientos que durante el siglo XV encontraron a los Molina y a los Cueva, también se encontraban inmersos otros linajes de la ciudad que tomaban partido por uno u otro bando; es por ello por lo que lógicamente, las distintas familias que formaban parte de un mismo partido se vincularían a través de una hábil y meditada política matrimonial. De esta forma y como veremos, los apellidos y linajes Cobos y Molina se unirían en un momento muy concreto.

El nombre de otro Cobos, Diego de los Cobos, nos aparece a finales del siglo XV como uno de los hombres que estuvo presente en la Toma de Granada, hecho que propiciaría que este personaje volviese a su tierra natal con notables posesiones en la localidad de Benalúa. Parece ser que este Cobos fue el patriarca de los ilustres miembros Cobos-Molina que tanto poder alcanzaron y tanto enriquecieron a Úbeda en el siglo XVI gracias a los señeros edificios que levantaron.

El entronque de las familias Cobos y Molina se produjo como consecuencia del matrimonio entre el citado Diego de los Cobos y Catalina de Molina, dama ubetense perteneciente, como queda dicho, al bando de la aristocracia urbana enfrentado con los Cueva. La familia Cobos, cuya capital importancia dentro del Renacimiento hispánico es irrefutable, ejercerá una loable tarea de mecenazgo gracias a la acomodada posición y alto reconocimiento del que gozaron algunos de sus miembros durante el siglo XVI.

Este nivel alcanzado, tendrá su máximo exponente en la figura de Francisco de los Cobos, pero no puede solaparse la contribución realizada, fundamentalmente por las obras que mandaron construir en su ciudad natal, con otros miembros de este linaje de los Cobos-Molina que, si bien no alcanzaron el renombre y poder que alcanzaría el archiconocido secretario, no le andarán a la zaga en lo que a la calidad y magnificencia de sus encargos y obras se refiere. Tal sería el caso de los sobrinos y parientes de Don Francisco, Juan Vázquez de Molina, Diego de los Cobos, Pedro y Francisco Vela de los Cobos o Francisco de Molina.

Diego de los Cobos y Molina (Úbeda, 1516) suponen una oportunidad para conocer a una personalidad relevante del siglo XVI, miembro clave en una importante familia de mecenas del Renacimiento, como lo fue la familia Cobos-Molina, que promovió importantes obras en la provincia de Jaén.

Elevado a la silla episcopal del Santo Reino de Jaén en 1560, el obispo Cobos fue un hombre culto y humanista que favoreció las artes. Bajo su prelatura, según Ximena de Jurado, se fundaron en Baeza los Monasterios de Santa Clara (1560) y de San Ildefonso (1561), el Hospital de Santiago de Úbeda (1562), se trasladó el Convento de la Trinidad de Baeza (1562) y se fundó en Jaén el Monasterio de la Concepción (Dominicas,1562).

Excelente edificio construido como hospital siguiendo la tónica de modernización de España por parte de los Reyes Católicos tras la reconquista del Reino de Granada, a la que sumó la nobleza y la iglesia fundando numerosos hospitales.  Fue declarado monumento arquitectónico histórico-nacional en 1917, el Hospital de Santiago es un edificio de estilo artístico renacentista,  construido entre 1562 y 1576,  está considerado El Escorial andaluz.
Es posiblemente la obra más completa del arquitecto  Andrés de Vandelvira. Fue concebido originalmente como una Obra benéfica, que comprendía la creación de un hospital al que dotaba de 50 camas para enfermos de bubas, aunque, debido a que esta enfermedad se extinguió, es dedicado a enfermos de todo tipo. Fundación de una capilla dotada con un capellán mayor, doce capellanes, un sacristán y cuatro acólitos. El carácter de la capilla es evidente que sobrepasaba los límites de la funcionalidad al servicio de un hospital, adquiriendo un valor simbólico como obra memorable y funerario.

Su fundador, el  obispo Don Diego de los Cobos,  dictaminó cómo debía ser el sepulcro, compuesto por una cripta que se construyó en la capilla (donde permanece enterrado) y un túmulo en mármol con su efigie, que no se llegó a realizar.

Estos planteamientos determinan la morfología del edificio, que es concebido como hospital-palacio, rompiendo así con la planta tradicional de los hospitales en cruz difundida por los Reyes Católicos, aunque sus antecedentes debemos buscarlos en el hospital Tavera de Toledo, también obra promovida por un obispo.

Andrés de Vandelvira es el arquitecto que lo construye. Siendo una obra de gran magnitud y complejidad, le permite la experimentación arquitectónica en la que se deben articular distintos elementos, dando una solución brillante que supone la culminación de su estilo, llegando a una gran depuración, dentro del panorama de la última fase del Renacimiento, llamado Manierismo.
Es una gran obra de carácter sobrio y muy bien adaptada a sus funciones. Cuenta con cuatro grandes torres: 2 en los extremos de la fachada inicialmente con chapiteles de cerámica vidriada, con la siguiente inscripción, en caracteres romanos, dice así:
ESTA CASA Y CAPILLA QUE SE NOMBRA EL HOSPITAL DEL
SEÑOR SANTIAGO FUNDÓ Y DOTÓ DE «US BIENES EL MUY
ILUSTRE SEÑOR DON DIEGO DE LOS COBOS, OBISPO QUE
FUÉ DE JAÉN, DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD, DE BUENA
MEMORIA, NATURAL DE ESTA CIUDAD. COMENZÓSE Á EDIFICAR

EL AÑO I 5 6 2 Y ACABÓSE EN 1 5 /5 y otras 2 integradas en la gran capilla central.
El acceso al complejo se realiza por una portada de medio punto con grandes dovelas que siguen el estilo castellano.  Tras un zaguán llegamos a un gran patio central de dos cuerpos con cenadores. Las columnas que sostienen los arcos de medio punto son de mármol italiano de Carrara.
En el testero de frontal a la entrada se levanta la Capilla-panteón con una imponente portada de tres arcos, cerrada por una bellísima reja que estuvo policromada y fue diseñada por Vandelvira. La planta de la iglesia en forma de H por las dos torres levantadas hacia el centro del templo la hacen ser única en originalidad. A los pies se sitúa el coro alto, siguiendo el modelo empleado por los Reyes Católicos. Las bóvedas del templo se decoran con pinturas de estilo renacentista final (Manierismo), al igual que las de la sacristía y antesacristía, siendo uno de los pocos ejemplos conservados de pintura mural del Renacimiento Español.

Será Pedro de Raxis -en colaboración con Gabriel de Rosales- el encargado de realizar los ciclos pictóricos, atendiendo posiblemente a las trazas marcadas por el pintor escurialense Miguel Barroso. Estos dos pintores, además, serán encargados de policromar y estofar el desaparecido retablo mayor.
Sorprende la profusión decorativa de la caja de la escalera del hospital, definida por Joaquín Montes como un gran “teatro histórico” donde se representa el tiempo histórico, el religioso y el filosófico. El primero se hace patente por la galería de los reyes de España, desde Alfonso VIII hasta Felipe II. Por su parte, el tiempo religioso se muestra mediante las santas mártires y diversos arzobispos toledanos que acompañan a la efigie del Obispo Cobos. Finalmente, el aspecto filosófico alude a la presencia de la Muerte, el Tiempo, el Diablo y el Libro de la Vida, representados de manera alegórica.

El Historiador José Manuel Almansa Moreno, nos dice: … Que Por su parte, en las bóvedas de la iglesia funeraria se exponen sendos discursos que reflexionan acerca de la vida moral, del pecado y del templo como la morada de Dios, empleando para ello numerosas cartelas con textos provenientes de los Salmos. Asimismo, la pintura de su testero servía para complementar la iconografía del desaparecido retablo mayor, del que aquí tratamos.

El mencionado retablo del que tratamos,  fue tallado a medias con Blas de Briño entre 1575 y 1577, realizándose tras esta fecha los soportes de piedra sobre los que descansa el retablo. Su dorado y pintado será realizado años más tarde por Pedro de Raxis y Gabriel Rosales, en 1586; para su pintado y dorado, se encarga a Zayas que desmonte el retablo y lo reparta a partes iguales entre los dos pintores.

Siguiendo los postulados del Concilio de Trento, la capilla cuenta con una sacristía y una antesacristía para alojar los distintos objetos de la liturgia. La antesacristía es una pequeña sala rectangular, cubierta con bóveda esquifada, en donde se localizan las monumentales figuras de los profetas Jonás, Jeremías, Eliseo y Daniel. Los paramentos de esta sala muestran atlantes y cariátides fingidos, que sirven para enmarcar diversos medallones con bustos de santos.

Finalmente, su sacristía es una gran sala rectangular con seis nichos para alojar las cajoneras, presidida con el escudo heráldico del Obispo Cobos. En la parte central se disponen los Padres de la Iglesia, representándose en los ángulos a los fundadores de diversas órdenes religiosas (San Antonio, San Benito, Santo Domingo y San Francisco), y ubicándose las Virtudes Teologales en los nichos. Encontramos ya algunos elementos que anuncian el cambio de sensibilidad del Barroco, como son el Ecce Homo y Cristo con la cruz a cuestas, así como un Niño de Pasión. En la bóveda se imitan casetones, decorados con grutescos y la representación de los dioses planetarios en la parte central, formando una cosmogonía.

Pasemos a hablar del Desaparecido Retablo Mayor De La Capilla Del Hospital De Santiago. Desmantelado y saqueado en el Hospital de Santiago de Úbeda en 1936.

Nos dice Miguel Ruiz Prieto en su Historia de Úbeda. “El altar mayor es de sobresaliente mérito; el basamento, hasta la altura de la mesa, tiene en el frente y lados de sus pilastras, esculpidos los escudos del fundador, los cuatro evangelistas y otras figuras de santos bien tallados. El primer cuerpo del retablo lo forman ocho columnas ricamente esculpidas, cuyas basas ostentan molduras en que figuran, de medio relieve, la Entrada de Jesús en Jerusalén, la Cena, La Oración en el Huerto y otras figuras. En el centro del retablo un precioso sagrario, encima una gran hornacina en la que se halla una efigie de Santiago el menor, de excelente talla. Sobre él, otra hornacina ocupada por la imagen de Nuestra Señora de la Asunción, encima un crucifijo y por remate un adorno, todo obra del citado Andrés de Vandelvira. A los lados, en los entrepaños, con cuatro divisiones cada uno, hay imágenes pintadas, muy deterioradas las del lado izquierdo. Para pintar y dorar este hermoso retablo convocó el Cabildo Colegial a concurso en 29 de Noviembre de 1584. Se presentaron con modelos dos artistas de Granada y Gabriel Rosales. En 23 de Marzo del año siguiente, dicho cabildo mandó llamar a Miguel Barroso, pintor, natural de Consuegra, para que examinase los modelos y diese su parecer, el cual confirmó que se debía confiar a la obra a los dos pintores Gabriel Rosales y Pedro Rajis, y así se acordó por la suma de 3.800 ducados por iguales partes y ciento más al que de los dos se aventajase en la obra. Se cuentan en este retablo veintiuna esculturas, talladas como queda dicho por Andrés de Vandelvira, ayudado por sus hijos Francisco y Cristóbal”. La actualidad, como puede observarse es bien distinta. El retablo es una suma de restos de sillerías de distintas procedencias, Salvador, Santa María, el mismo Hospital de Santiago y otras probablemente. La policromía del fondo con la representación de  ángeles redencioncitas, pintados al fresco  está prácticamente desaparecida.

Según nos afirma Almansa Moreno, el retablo fue tallado por Luís de Zayas y Blas de Briñó. Fue pintado y dorado años más tarde, en 1586 por los pintores Pedro de Raxis y Gabriel Rosales.

 Todo el conjunto fue desmantelado y expoliado tras la última Guerra Civil. Conservándose algunas fotos y textos literarios, a parte del de Miguel Ruiz Prieto, como este de Ponz : “… el retablo mayor de dicho Hospital es de dos cuerpos de arquitectura del gusto medio., lleno de prolixas labores. A más de veinte ó veinte y una alturas, que me parece conté repartidos por él, todo el basamento cubierto de baxos relieves que representan asuntos de la Pasión de Christo, los Evangelistas, etc. los espacios en los intercolumnios los ocupan ocho pinturas de mucho mérito; y aunque es un disparate atribuirlos a Rafael de Urbino, como por tales las tenían algunos de aquí, ellas son de aquel estilo general y juiciosos que reynó en el siglo décimo-sexto. Acaso el obispo fundador las haría trae de Italia; y quién sabe si las pintaría alguno de los Vandelvira…” Afirmación que actualmente no tiene ninguna validez gracias a la labor estudiosa de Ruiz Fuentes.

Este monumental retablo se asentaba sobre un basamento de piedra, que aún se conserva, (pero oculto bajo el escenario del actual Auditorio), decorado con los escudos heráldicos de don Diego de los Cobos, y acompañados con los cuatro Evangelistas y otros santos.

Por Montes Bardo  estamos al corriente de que “… en el banco había cuatro escenas pasionistas, que son la entrada de Jesús en Jerusalén, la Santa Cena y la Oración en el Huerto de Gethsemaní, y Prendimiento, ubicándose sobre el relieve de la Santa Cena, un sagrario, y encima de él la imagen del santo titular: Santiago Apóstol. En la hornacina superior había un lienzo de Nuestra Señora de la Asunción, ubicándose encima un Calvario con el San Juan y la; Magdalena, y rematándose con un Dios Padre y un niño de Resurrección, ángeles redencioncitas, pintados al fresco en la pared del testero. En las calles laterales se ubicaban ocho lienzos con escenas de la infancia de Cristo y la vida pública. En el resto de las entrecalles se ubicaban esculturas de los Padres de la Iglesia, Evangelistas y los Apóstoles…”

En efecto, se trataba de una grandiosa maquinaria, compuesta de sotabanco, banco, cuatro cuerpos y ático. Queda organizada en siete calles separadas por columnas. La escultura es exenta en las calles extremas y en las que flanquean a la central –más estrechas, concebidas prácticamente como entrecalles–, amén del Calvario del cuarto cuerpo y santos a los lados del Padre Eterno, en el ático, mientras que los tableros en relieve se enseñorean en banco, sotabanco y calles restantes. Cuenta, además, con el añadido de esculturas alegóricas y así como de sus imágenes orantes en las esquinas inferiores; todo ello, en una perfecta organización de órdenes arquitectónicos superpuestos y con una riquísima ornamentación cuidadosamente policromada en pedestales, basamentos y frisos.

Hablemos de los artífices de este eclipsado retablo;  primero de los talladores Blas de Briñó, y Luis de Zayas, y en segundo lugar, de los encargados del  dorado, estofado  y pintura Pedro de Raxis y Gabriel Rosales.

De Blas de Briño, sólo mencionaremos su otra obra realizada en dicha Capilla del Hospital de Santiago, la desaparecida sillería:
Por Ruiz Prieto, en su Historia de Úbeda, al hablar del Hospital de Santiago y refiriéndose al coro dice: “El coro ocupa el testero de la entrada a la iglesia y sus laterales. Es una gran tribuna, cuyo suelo es de precioso motivo de azulejos. Tiene una admirable sillería con dos órdenes de asientos; los de primera fila, muy bien tallados con medallones y molduras de excelente ejecución, la otra fila, más alta con treinta y cinco asientos, en cuyos respaldos están tallados los arcángeles San Miguel y San Rafael, los Apóstoles, los Evangelistas, varios Santos y Doctores de la Iglesia, de excelente ejecución; todo obra del citado Andrés de Vandelvira. A la derecha de la tribuna, está el pequeño órgano que se trajo del Convento de la Madre de Dios (Cadenas), pues el magnífico que había lo destruyeron los franceses”.

Ahora le toca el turno a Luis de Zayas.

Zayas nacido en Úbeda, a mediados del s. XVI  y muerto en 1610. Fue hijo del entallador Alonso de Salamanca, en 1575 ya era un maestro de la talla.

Se casó con Marina Ruiz y tuvieron cinco hijos: Juana, Luisa, Pedro, Diego y Alonso. De éstos, tan sólo Alonso y Pedro continuarán con la tradición familiar. Zayas y sus hijos coparán los principales encargos en la Úbeda de finales del siglo XVI y principios del XVII. A pesar de su prolífica producción como autor de retablos, es de lamentar la escasez de obras conservadas.

Su  primera de las obras datada fue el retablo mayor de la iglesia del Hospital de Santiago, de Úbeda, tallado junto a Blas de Briño entre 1575 y 1577, como ya se dijo anteriormente.

Años después será el autor del retablo de la capilla de María Álvarez de Berrío, viuda de Francisco de Alaminos, en el Convento de Nuestra Señora de la Victoria de Úbeda (1580), posteriormente dorado y estofado por el pintor Pedro de Medina. En 1582 tallaría el retablo para la capilla que don Cristóbal de Villarroel tenía en el desaparecido convento franciscano de San Nicasio (Úbeda), que sería dorado y estofado al año siguiente por Melchor de Ortega.

Para la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda, Zayas acometerá varias obras entre las que cabe citar el retablo de la capilla de San Acacio o de los Azulejos (1585). Sin embargo, la gran obra que realiza Zayas para la Colegiata es el relieve de la Adoración de los Pastores de la portada principal, trazada por Martín López de Alcaraz (1604-1606). Para ello contaría con la ayuda del cantero Pedro de Vera, el cual realizó el resto de las figuras así como labor decorativa de ménsulas y placas geométricas. Todo parece indicar que la fuente de inspiración proviene de un grabado de Cort, el cual copia una pintura de Zúccaro. Igualmente participará labrando diversas piezas arquitectónicas para la capilla funeraria que don Rodrigo de Orozco tenía en el templo, hoy Capilla de Jesús Nazareno.

Para la iglesia de San Pablo de Úbeda realizadas los retablos para la capilla de la Aurora y la de los Sanmartines (realizadas entre 1599 y 1602). Además fue autor de la venerada talla del Cristo de la Expiración, para el Convento de la Santísima Trinidad, en 1604
.
Fuera de Úbeda, mencionar la hechura de un Cristo Resucitado en Sorihuela de Guadalimar (Jaén), para Alonso de Segura y Francisco López en 1602, así como una reja de madera para la capilla de San Sebastián de la iglesia parroquial de Jódar (Jaén) fechada en 1603.
Ahora le toca el turno a Pedro de Raxis.

Pedro de Raxis (1555-1626) fue un pintor y dorador español, miembro de una extensa familia de artistas originaria de Italia y establecida en Alcalá la Real (Jaén).

Nace en 1555 en Alcalá la Real, nieto del pintor sardo Pedro Raxis «el Viejo», natural de Cagliari (Italia). Su formación discurrió en el taller familiar donde, bajo la dirección del abuelo, trabajaron su padre Melchor Raxis y sus tíos, Pedro, Nicolás, Miguel y Pablo, más conocido como Pablo de Rojas, quien llegaría a ser uno de los principales referentes de la escuela granadina de escultura y con el que colaboraría Pedro frecuentemente.

El taller de los Raxis extendió su influencia desde Alcalá la Real a toda la diócesis jienense, con ramificaciones en las provincias circundantes especialmente en Granada, donde ya en 1579 se encontraba Pedro casado con una hija de Juan de Orihuela, pintor y dorador granadino. Entre sus primeras ocupaciones estará la de pintar doseles de guadamecí para diversas iglesias de la diócesis, pero las influencias familiares le permitirán, además, seguir contratando obra fuera de Granada, y entre otras se encargará con Ginés López de ejecutar las pinturas y el dorado del retablo mayor de la iglesia de la Asunción de Priego de Córdoba.

A partir de 1585 se documentan numerosos encargos: retablo de Santa María Mayor de Alcaudete (Jaén), retablo y bóvedas de la capilla del hospital de Santiago en Úbeda (Jaén), que realiza entre 1586 y 1587 en unión con Gabriel Rosales, con quien podría haber compartido también las pinturas al fresco y al temple de las bóvedas sobre pechinas de la parroquial de Villacarrillo (Jaén), trabajos que le obligaron a viajar por las tierras de la diócesis y sus inmediaciones y que hará compatibles con otros destinados a la propia ciudad de Granada, en su mayor parte de estofado pero también alguno de pintura, como el cuadro de los Santos Cosme y Damián que pinta para el convento de los Mártires, actualmente en el Museo de Bellas Artes de Granada.

A los últimos del siglo XVI incumbirá uno de los encargos más importantes que recibe su prolífico taller: la pintura de la cúpula que corona la escalera imperial del Monasterio de Santa Cruz la Real de Granada, en unión con Blas de Ledesma y Diego Domedel. Igualmente se ocupará de las pinturas de la bóveda central de la catedral de Baeza (Jaén), y ya en 1603 del añadido de un cuerpo al retablo del monasterio de San Jerónimo en Granada con su tío Pablo de Rojas, con quien colaboró en 1610 en el retablo mayor de la iglesia de la Encarnación en Albolote (Granada), en el que participaron así mismo Martín Gaviria y Miguel Cano, padre de Alonso, que se encargó del ensamblaje. De 1615 es el retablo de la capilla de Santa Ana en la Catedral de Granada.

Terminamos con Gabriel Rosales.

Nacido en 1563, trabajo  en tierras de Ávila, Segovia, Córdoba y Úbeda principalmente.
En el año 1563 en la Iglesia Flores de Ávila, colabora con su padre Diego Rosales en el retablo mayor, conservado en la misma parroquia. En 1570 padre e hijo, en unión con Jerónimo de Ávila, se encargaron de las pinturas del Arco de Triunfo levantado en Segovia a la entrada de la Almuzara para la solemne recepción de la reina Ana de Austria con ocasión de su boda con Felipe II.Además, Diego en solitario se encargó de las pinturas del arco levantado junto al Cristo del Mercado. De los arcos y los motivos pintados en ellos (retratos de la reina, cuadros de historia y de batallas, alegorías de las virtudes, emblemas y una pintura de Juno) dejó una minuciosa descripción su cronista y autor del programa iconográfico, Jorge Báez de Sepúlveda, en la Relación verdadera del recibimiento que hizo la ciudad de Segovia a la magestad de la reyna nuestra señora doña Anna de Austria..., publicada en Alcalá de Henares en 1572.

Poco más tarde se le documenta pintando una figura mural de san Cristóbal en la iglesia de Rioalmar (Ávila) y ya hacia 1575 en Córdoba a donde llegó como pintor del Obispo fray Bernardo de Fresneda. Aquí pintó el desaparecido retablo de la iglesia de la Asunción de Palma del Río (1576) y el de la capilla de la Natividad de la catedral de Córdoba (1578), presidido por un gran tablero del Árbol de Jessé, además de encargarse de la policromía del retablo perteneciente al convento de la Santísima Trinidad. Rosales fue el introductor del manierismo italiano en Córdoba, como queda de manifiesto en el citado retablo de la catedral, donde también pudiera corresponderle el del Bautista. Su gran aportación a la pintura cordobesa radica en un primer cambio de las fuentes grabadas, que dejan de tener como referente máximo a Rafael, para incorporar también a Giulio Romano.

A la muerte del obispo que había sido su protector, y al parecer envuelto en pleitos por la calidad de los retablos pintados para la catedral, Gabriel retornó a Ávila, donde reaparece documentalmente en 1579 colaborando de nuevo con su padre y Jerónimo de Ávila en los altares laterales de la iglesia de San Pedro. Más tarde se le encuentra en Úbeda, donde ya en 1585 la Sacra Capilla del Salvador le reconoce una deuda importante de 2.520 reales, cuyo pago se demora seis años, y recibe un aprendiz. En enero de 1586, diciéndose vecino de Ávila, presentó junto con Pedro de Raxis las fianzas necesarias para hacerse con la adjudicación de la pintura, dorado y estofado del retablo mayor de la iglesia del recién terminado Hospital de Santiago de Úbeda, fundación del obispo Diego de los Cobos. Raxis y Rosales trabajando en colaboración se les ha atribuido también la ejecución de las pinturas murales al temple y al fresco de las bóvedas de la iglesia y de la escalera del mismo hospital, así como de las bóvedas sobre pechinas de la parroquial de Villacarrillo (Jaén), autoría puesta en duda últimamente.
                               
Bibliografía
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Ruiz Ramos,  Francisco Javier... conferencia titulada "El desaparecido retablo del Hospital de Santiago de Úbeda". Úbeda 2016.

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