lunes, 11 de mayo de 2026

Balance crítico de la gestión del patrimonio; tres décadas después de la Exposición "Vivir las ciudades históricas".

 Naturaleza devorando la historia: San Pedro en el mañana. La IA recrea el colapso de la Iglesia de San Pedro si continúa el abandono. 


«¿El futuro de la Iglesia de Santo Domingo de Úbeda? 😮 Una IA recrea cómo se vería el templo si no se frena su deterioro. Una llamada urgente para salvar nuestro patrimonio. 👇 #Úbeda #PatrimonioEnPeligro» 

Juan Ángel López Barrionuevo


Ruina silenciosa: el fracaso de la gestión patrimonial en Úbeda


La iglesia de Santo Domingo de Silos en Úbeda personifica hoy la tragedia del patrimonio que se desvanece por la desidia. Lo que a finales de los años 80 del siglo XX fue un centro activo de creación bajo el modelo de la Escuela Taller, hoy es un eco de abandono. El templo, que llegó a ser el escenario de la vanguardista exposición "Vivir las ciudades históricas" en 1996, ha pasado de ser un "envase reciclable" lleno de vida a un contenedor vacío. A pesar de los esfuerzos de la Unión de Cofradías, la realidad actual es una radiografía hiriente: una joya arquitectónica condenada al olvido donde el esplendor de su artesonado languidece frente a la falta de un proyecto sólido que detenga su ruina silenciosa.
El contraste entre el pasado y la desidia del presente es la crónica de cómo la falta de gestión condena a una joya que, hace no tanto, latía con vida propia. A finales de la década de 1980, el edificio parecía haber esquivado su sentencia. Cedida al Ayuntamiento, la iglesia gozaba de una salud envidiable como sede de carpintería. No era un museo inerte; era un espacio vivo donde el aroma a madera y el oficio manual convivían con las bóvedas antiguas. El mantenimiento diario garantizaba que el deterioro no hiciera mella en sus muros, manteniendo el rompecabezas benedictino de la plaza perfectamente ensamblado.
Sin embargo, esta agonía no es un caso aislado de infortunio, sino el síntoma de una enfermedad más profunda que asola el patrimonio ubetense. A pocos metros, la Iglesia de San Pedro se erige como un monumento a la desidia eclesiástica y la parálisis institucional. Incluida con deshonor en la Lista Roja de Hispania Nostra, San Pedro es hoy el testimonio de un fracaso compartido. Su cierre al culto y al público no fue más que el preludio de un abandono sistemático por parte de la Iglesia, que ha permitido que los proyectos de rehabilitación se conviertan en promesas incumplidas y expedientes olvidados en cajones oficiales. Mientras la estructura se resiente, el silencio de sus propietarios resulta atronador, delegando en el tiempo una demolición que la piqueta no se atrevió a ejecutar.
1996 fue el cenit de la ironía.
En abril de aquel año, el concejal Aurelio Valladares convirtió a Santo Domingo en el "envase reciclable" para una muestra de la Fundación La Caixa. Aquel evento fue un espejismo. Mientras los visitantes paseaban entre fotografías de 26 metrópolis lejanas, las piedras de Santo Domingo ya empezaban a lanzar sus primeros sollozos. La paradoja era hiriente: necesitábamos el reclamo de ciudades exóticas para entrar en un templo propio cuya mayor exposición no eran las fotos, sino el artesonado de pares y nudillo que las sostenía. Aquel abril, mientras sorteábamos las destripadas capillas del Señor de la Salud y de Jesús Nazareno, la belleza del contenedor superaba con creces a la del contenido.
La tragedia silenciosa se agrava al mirar el eje que forman estos templos maltratados. Si Santo Domingo sufre la falta de un uso estable, San Pedro padece la desatención de una institución que parece haber dado la espalda a su legado histórico en favor de una gestión puramente burocrática. ¿Cómo es posible que en una ciudad Patrimonio de la Humanidad, dos de sus pilares medievales estén sentenciados por el desinterés? Resulta doloroso recordar que, si los alemanes fueron capaces de reconstruir la arrasada Dresde tras los bombardeos, en Úbeda parecemos incapaces de conservar lo que ya estaba en pie.
Hoy, tanto Santo Domingo de Silos como San Pedro son gritos de auxilio en el corazón del casco histórico. Aquella exposición de hace treinta años nos recordó que somos capaces de admirar el urbanismo del mundo mientras dejamos que las paredes que nos definen se desmoronen. El "rompecabezas roto" de nuestra historia no se arreglará con parches temporales ni con la inclusión en listas de peligro, sino con una voluntad real de las instituciones —civiles y religiosas— para rescatar estas piedras de la "fullera inmortalidad" del olvido. El tiempo se agota, y con él, la posibilidad de que el envase vuelva a ser, algún día, reciclable. Las respuestas de la IA pueden contener errores. Más información 1996: El cenit de la ironía
Fue precisamente en ese periodo de vitalidad cuando se produjo el momento de máxima ironía histórica. En abril de 1996, el concejal Aurelio Valladares tuvo la "sabiduría torera" de convertir esta parroquia en el "envase reciclable" para la exposición "Vivir las ciudades históricas", organizada por la Fundación La Caixa.
Aquel evento fue un espejismo de modernidad. Mientras los visitantes paseaban entre "resultonas" fotografías y diaporamas de 26 metrópolis lejanas, las piedras berroqueñas de Santo Domingo ya empezaban a lanzar sus primeros "sollozos" en las noches de luna llena. La paradoja era hiriente: los ubetenses necesitábamos el reclamo de ciudades exóticas para entrar en un templo propio cuya mayor exposición no eran las fotos de fuera, sino el parcheado artesonado de pares y nudillo que las sostenía. Aquel abril, mientras sorteábamos las destripadas capillas del Señor de la Salud y de Jesús Nazareno, la belleza del contenedor superaba con creces a la del contenido. El declive del "envase"
La tragedia silenciosa comenzó diez años después de aquel brillo efímero. Tras ser cedida a la Unión Local de Cofradías para su supuesta puesta en valor, el templo entró en una década de declive alarmante. Lo que en 1996 era un edificio capaz de albergar la vanguardia cultural, hoy languidece en un estado crítico.
La "fullera inmortalidad" que buscaron los antiguos ubetenses al ligar su nombre a estas capillas parece hoy aventada al viento como las pavesas de una fogata. Resulta doloroso recordar que, si los alemanes fueron capaces de reconstruir la arrasada Dresde tras los bombardeos, en Úbeda parecemos incapaces de conservar lo que ya estaba en pie. Santo Domingo ya no es un envase reciclable; es un grito de auxilio en el corazón del casco histórico. Aquella exposición de hace treinta años nos recordó que somos capaces de admirar el urbanismo del mundo mientras dejamos que las paredes que nos definen se desmoronen por dentro.
Crónica de un martes de abril (1996)


Un caluroso martes cualquiera del presente mes de abril, acompañado de mi padre, visité la exposición "Vivir las ciudades históricas", organizada y patrocinada por la Fundación La Caixa.

"Debo dejar constancia de la sabiduría torera del concejal Aurelio Valladares al elegir esta desahuciada iglesia como 'envase reciclable' para la muestra. Mientras las piedras berroqueñas del casco ubetense sollozan por la clausura de este templo medieval, nosotros solo tuvimos ojos para admirar el parcheado artesonado de pares y nudillo y los macizos contrafuertes del techo". Las mustias piedras berroqueñas engarzadas en los edificios del casco histórico "ubedí" todavía sollozan a moco tendido durante las neblinosas noches de luna llena, lamentando la desdichada clausura de este medieval templo. Con todo el respeto debido a la magnífica colección de resultonas fotografías y pedagógicos diaporamas con imágenes de 26 lejanas metrópolis que forman la exposición de la Caixa, declaro que nosotros, sólo tuvimos ojos para admirar el parcheado artesonado de pares y nudillo y los macizos contrafuertes del techo. En el transcurso de la visita, mientras paseábamos sorteando las destripadas capillas del Señor de la Salud, la de Jesús nazareno, el altar de San Marcos, no pude resistir la tentación de atisbar en la oscuridad para exorcizar la fascinante memoria del presbítero Alvaro de Torres y de los demás inocentes ubetenses, de ambos sexos, que confiaron en descubrir la fullera inmortalidad humana ligando su honesto nombre a una de las capillas enclavadas en la nave de esta arruinada parroquia. "Vanidad de vanidades y todo vanidad" (Ecl. 1.2) nos dice la biblia acerca de los papeles y las efímeras glorias de nuestro hedonista mundo. Lo mosqueante es que en 1996, los ubetenses tengamos que recurrir a un zahorí para encontrar las vaporosas huellas de nuestro pasado, aventadas al viento como las pavesas de una fogata. Si los alemanes consiguieron reconstruir la arrasada Dresde (Sajonia), arteramente bombardeada por los aviones británicos -¡Gibraltar español!- en 1945, no veo porque razón, los ubetenses no vamos a ser capaces de armar las piezas del rompecabezas benedictino de la plaza de Santo Domingo. Publicado el 19 de Abril de 1.996 en el Semanario La Loma José Angel Montero Larubia El rompecabezas roto
Aquella exposición fue un espejismo. El autor se preguntaba entonces: "Si los alemanes consiguieron reconstruir la arrasada Dresde en 1945, ¿por qué los ubetenses no vamos a ser capaces de armar las piezas del rompecabezas benedictino de la plaza de Santo Domingo?".
La respuesta, décadas después, es desalentadora. Diez años después de aquella muestra, el templo fue cedido a la Unión Local de Cofradías. Lo que debía ser una puesta en valor se ha traducido en un declive alarmante. Hoy, el estado de mantenimiento es crítico. Aquella iglesia que fue taller y sala de exposiciones hoy languidece, recordándonos que parecemos incapaces de valorar nuestro pasado sin ayuda externa.
Santo Domingo ya no es un envase reciclable; es un grito de auxilio en el corazón de Úbeda. El rompecabezas sigue ahí, pero sus piezas, como las ilusiones de 1996, están cada vez más desgastadas por el olvido. A modo de Conclusión. En definitiva, la agonía de Santo Domingo y San Pedro es la radiografía de un fracaso compartido. No podemos permitir que la desidia convierta a Úbeda en un museo de fachadas vacías mientras su alma se desmorona por dentro. Es hora de decidir si queremos ser la generación que salvó su historia o la que se limitó a contemplar, con los brazos cruzados, cómo se desvanecía su memoria.
Mientras otros templos como San Lorenzo han logrado pasar a la "Lista Verde" gracias a la gestión privada y fundaciones, Santo Domingo y San Pedro siguen atrapados en un bucle de promesas incumplidas y trámites administrativos lentos.
📍 Dato de contexto: Las obras en otros edificios emblemáticos, como el Hospital de Santiago, avanzan a buen ritmo (20% de ejecución en abril de 2026), lo que acentúa el sentimiento de agravio comparativo respecto a estas iglesias.
Desaparecido Retablo del Altar Mayor de la Iglesia de San Pedro. Década de 1920. Foto Archivo Gabriel Delgado Juan. Mejorada con IA.

Desaparecido Retablo del Altar Mayor de la Iglesia de Santo Domingo de Úbeda Década de 1920. Foto Archivo Gabriel Delgado Juan. Mejorada con IA.

Desaparecido Retablo de la Capilla del Cristo de la Salud. Santo Domingo Década de 1920. Foto Archivo Gabriel Delgado Juan. Mejorada con IA.
Con IA he querido dar movimiento a esta fotografía que muestra el estado del interior de la Iglesia de Santo Domingo de Úbeda en la década de 1940, tras los tristes sucesos acaecidos años anteriores( el edificio fue restaurado en los años 60-70 por Francisco Prieto Moreno y José Antonio Llopis Solbes). Archivo de José Manuel Almansa Moreno.



Fuentes Documentales y Archivos Expedientes de la Escuela Taller (Años 80): Archivos del Ayuntamiento de Úbeda sobre la rehabilitación de Santo Domingo de Silos como sede de carpintería y forja. Catálogo de la Exposición "Vivir las ciudades históricas" (1996): Documento clave que posicionó al templo como referente de vanguardia y reutilización de espacios. Plan Especial de Protección del Casco Histórico de Úbeda (PEPUH): Normativa local que detalla el grado de protección de estos inmuebles. Organismos de Alerta y Protección Lista Roja de Hispania Nostra: Registro donde figura la Iglesia de San Pedro debido a su "estado de abandono y peligro de derrumbe". Inventario del Patrimonio Artístico de la Iglesia Católica: Para contrastar la responsabilidad de la Diócesis de Jaén en el mantenimiento de San Pedro. Declaración de Úbeda como Patrimonio de la Humanidad (UNESCO): Documentación de 2003 que obliga a un compromiso de conservación integral del entorno. Referencias Bibliográficas y Prensa Guía Artística de Úbeda: Obras de historiadores locales (como Juan Ramón Martínez Elvira o Arsenio Moreno Mendoza) para describir el artesonado mudéjar de Santo Domingo. Hemeroteca del Diario JAÉN e Ideal: Reportajes sobre el cierre de las escuelas taller y la evolución del deterioro en la última década. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando: Informes técnicos históricos sobre la arquitectura románica y mudéjar de estos templos.

 

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